El blog d'en Joan Ferran

4.4.18

SERPIENTES VENENOSAS





TURBA DE FANATICOS

 No teman, no voy a banalizar nada ni a etiquetar a nadie por sus acciones, palabras u obras. No hace falta. Todo el mundo recuerda quienes eran aquellos que insultaban y perseguían por las calles a los discrepantes, quemaban casas de disidentes y sellaban comercios. Todo el mundo ha leído o visto documentales en los que, enfurecidos fanáticos, agreden impunemente a sus conciudadanos por el simple hecho de no comulgar con un credo determinado. Sí, ya lo sé. Me dirán que todo ello no es actual, que acontecía en un momento histórico preñado de violencia política con vientos de guerra llamando a las puertas de Europa. Me apuntarán incluso, que vivimos en un país civilizado en el que es poco probable que una turba de fanáticos atente contra la integridad y seguridad de personas y de bienes. Reflexionen, por favor. ¿Están ustedes convencidos de que en la actualidad esto es así? 
 Repasemos el tema: A lo largo de las últimas semanas se han producido más de medio centenar de ataques a sedes de partidos y múltiples escraches a diputados, concejales y militantes de base del PSC. Muchas de estas personas han podido comprobar, en propia piel, lo que es capaz de destilar el fanatismo. Pero no acaba ahí el asunto. Los CDR -o los chicos de Arran, como prefieran- han acosado y amenazado al juez LLarena en la Cerdaña al tiempo que la esposa del magistrado era hostigada en su morada habitual. ¿Más? Jafre, localidad de Girona donde Albert Boadella tiene su segunda residencia, ha devenido un muestrario de pintadas insultantes y agresiones contra el dramaturgo presidente de la plataforma satírica Tabarnia. Dejaré para otra ocasión la relación de insultos y percances que padecen diariamente Inés Arrimadas y sus compañeros de Ciudadanos. Algo parecido ocurre con Xavier Albiol y sus colegas de partido, con las cristaleras de Crónica Global o con los insultos que recibe Xavier Rius vía redes sociales… 

La turba de fanáticos de la que les hablo ensucia la democracia, fractura la sociedad, amenaza al personal e impide la convivencia entre ciudadanos de distinto parecer. Estos energúmenos creen que cortando carreteras y ferrocarriles su causa se fortalece sin apreciar que, este tipo de acciones, genera rechazo y engendra violencia en sentido contrario. Ahora se disfrazan de Robin Hood levantado barreras de peajes para hacerse perdonar otros desmanes. Sí amigos, intentaron vendernos una revolución de las sonrisas sin avisar que en el pack se incubaba el huevo de la serpiente. Algunos, ingenuamente, argumentan que nuestro pueblo no es proclive a desbocarse o a dejarse llevar por extremismos varios. Yerran, en casi todos los colectivos humanos habita algún idólatra de la violencia ejerciendo de guerrero despiadado bajo los efectos perniciosos de ideologías extremas. Cataluña no es una excepción. Aquí hay turbas rojas, negras y de camisa parda…
 Hace pocas semanas un reportaje, en este mismo periódico, nos narraba y fotografiaba un acto en Sant Just Devern del Moviment Identitari Catala (MIC) con la asistencia de personas vestidas con prendas militares y una puesta en escena preocupante. Les ahorro a ustedes la transcripción de las consignas, los gritos de rigor y la parafernalia xenófoba y militarista que gastaban estos individuos… Los escamots de Daniel Cardona generaron en su época violencia. La muerte de los hermanos Badia fue un ajuste de cuentas protagonizado por gentes de la FAI que no perdonaron la persecución a la que fueron sometidos por los radicales de Estat Català, etc. etc. La violencia, sea física o verbal, genera nueva violencia… No nos pongamos excesivamente dramáticos, pero la acción de las turbas fanatizadas genera anticuerpos de naturaleza violenta. La historia nos cuenta que, hasta el día de hoy, así ha sido. Resulta del todo incomprensible la ceguera de parlamentarios catalanes que fueron incapaces de votar una resolución condenando la violencia. Triste y preocupante.