El blog d'en Joan Ferran

11.8.17

VIAJES PROCESISTAS




PUIGDEMONT Y LA SIRENITA 



 Dicen los chicos de la prensa que el president Carles Puigdemont está preparando un viajecito a Dinamarca. A nadie se le escapa la ‘oportunidad’ del mismo. Eso sí, todos intuimos cómo será narrado por los escribas a sueldo del procesismo, y cómo será retransmitido, con todo lujo de detalles por TV3. Final de agosto es una buena época para ocupar espacio comunicativo y más si, treinta días después, está prevista una nueva edición del 9N. Dinamarca es el lugar ideal para arrancarse la espinita de los continuos fracasos cosechados por la Generalitat en política exterior. Dinamarca es el lugar idóneo para escuchar cantos de sirena sin necesidad de amarrar a nadie al palo mayor de la nave. Ella, la sirenita, es pequeña, de bronce y mira al mar… ¡Ah Dinamarca! País de vikingos que dejaron una huella indeleble a lo largo de los mares de Europa con sus drakkars. ¡Oh Dinarmarca! País de la cerveza Carlsberg y del queso Danablu que tanto gusta a los correligionarios de Artur Mas y Puigdemont. Un servidor de ustedes no va a preguntar cuáles son las razones institucionales de este “oportuno” viaje, ni sus similitudes con las visitas a Jimy Carter o las estancias en Harward de los prohombres de la patria. Tampoco quién paga todas las juergas exteriores de la Generalitat. ¿Para qué? Ya se sabe que van a cargo del contribuyente. Para resolver estas cuestiones supongo que ya están los diputados de la oposición y la prensa libre. Sin embargo sospecho que, tras otear el horizonte político europeo, a los miembros del gobierno les apeteció aprovechar un indocumentado artículo publicado en la prensa danesa en el que se afirmaba, sin rubor, que Cataluña aguanta “ochocientos años de amargura y lucha para ser independiente de su vecino español”. El articulista del Politiken seguramente ignora que aquí llevamos más de ochenta meses de amargo tostón procesionista... Ya saben, las ocasiones las pintan calvas y las pocas que surgen conviene aprovecharlas, no vayamos a desperdiciar las cualidades diplomáticas de la hermanísima -Francesca Guardiola- que ejerce de representante de la Generalitat en Copenhague. Para el 1-O todo vale. Ante tanto frenesí viajero y patriótico me gustaría que antes de partir, Puigdemont, tuviera en cuenta un consejo y una consideración: cuidado con el típico guiso danés a base de cerdo, huevos y cebolla, llamado Frikadeller. Hay mucho huevo contaminado por pesticida en Dinamarca. En puertas de un choque de Ibertrenes un president intoxicado, o en baja forma, no mola. Rajoy ya no padece lumbalgia y templa gaitas. Y ahora la consideración: Cerquita, en el parque de Europa de Torrejón de Ardoz, hay una reproducción exacta de la sirenita danesa. Vale la pena visitarla, aunque mire al río y este lejos el mar.





LOS ARREPENTIDOS DEL ‘PROCÉS’ 



Una frase proverbial, atribuida a San Francisco de Sales, nos cuenta que el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones. Y parece cierto. Muchos de aquellos que alentaban y jaleaban las primaveras árabes de Túnez, Egipto o Siria, hoy -a la vista del drama humano que han generado- quisieran, arrepentidos, volver atrás y hacerse perdonar la gratuidad y la ligereza de algunos análisis y afirmaciones.
 Y es que, amigos, alguien definió el arrepentimiento como un profundo deseo de regresar al pasado para cambiar una actitud, o una experiencia, que surgió como fruto de una elección no acorde con determinadas creencias o valores. Salvando distancias se perciben, en el cosmos procesista, deseos de regresar al punto de partida para iniciar otro camino. Sí, tras el esperpento de las declaraciones del ex juez Santi Vidal, tras la estupidez que destila Empar Moliner, tras la purga de disidentes que ha facilitado el paso al puente de mando a una peña de talibanes irredentos, etc. etc… Algunos han renegado ya de su culto acrítico al ‘procés’. Se ha llegado tan lejos en la violencia verbal proferida por algunos dirigentes del govern, y de la CUP, que el goteo de arrepentidos y herejes amenaza con convertirse en lluvia. Muchos procesistas de primera época, cargados de buenas intenciones, viven incómodos el día a día de la política catalana. Temen por la cohesión social del país, desconfían de las acrobacias sin red de un ejecutivo tutelado por radicales capaz de laminar, en su provecho, la democracia parlamentaria cargándose reglamentos y normas. 
Son tantos los despropósitos que muchas personas se arrepienten de su antiguo rol como compañeros de viaje del ‘procés’, creen que camina hacia el absurdo.. El merchandising indepe, los mecheritos con la estelada o la camiseta para los niños, quedan muy monos para petarla con los amigos el 11 de septiembre, pero asustar turistas o encabronar a la guardia civil, eso ya es harina de otro costal. Eso no lo edulcora ni tv3. La ciudadanía inteligente percibe cuándo un político juega de farol, cuándo dice la verdad y cuándo finge. Carles Puigdemont ha comunicado al mundo mundial que está dispuesto a desmelenarse bailando el rock de la cárcel jugando a ser un héroe. Se equivoca disfrazándose de mártir. Genera un doble fenómeno. A saber: A los procesistas sensatos no les gustan esas bravuconadas que se sabe como comienzan pero no como acaban. Mientras ello acontece, otros van llegando a la conclusión de que el Presidente de la Generalitat -a pesar de lo que apunta- sabe que en este país el estado de derecho funciona y que no le van a dar el gustazo de pisar Soto del Real. Allá ya van servidos con el primogénito de los Pujol. Entre la ciudadanía sensata hay un deseo profundo de volver a la casilla de salida y hacer, de una puñetera vez, las cosas bien. Entre los arrepentidos del ‘procés’ cargados de buenas intenciones también. Manos a la obra pues, abandonemos el camino del infierno.